JMV El Salvador, Bienvenidos

Principal
Arriba
Que es JMV
Quienes Somos
Identidad y perfil
Historia de JMV
La convivencia 2003
Viaje a Honduras
Libro de visitas
Contáctanos

Crónica y evaluación de “Misión 2003, Santa Rita, El Tablón”

 

Por: Luis Ángel Figueroa Recinos

 

C

omo cada año, desde el 2001, los jóvenes miembros de Juventudes Marianas Vicentinas (JMV) de la ciudad de Santa Ana, se dirigen a un objetivo común que cada año se espera  con mucha alegría y emoción; este motivo es convertirse en misioneros durante las vacaciones de Semana Santa, así que dejando comodidades, familia entre otros, los jóvenes se dirigen hacia donde El Señor los mande y en este año 2003 fue al cantón Santa Rita, jurisdicción del municipio de Metapán, departamento de Santa Ana, siendo esté el mismo lugar que, en el año 2002, se visitó con el mismo propósito. Aunque  sabían que se dirigirían al mismo lugar, todos llevaban la mentalidad que “Mismo lugar nuevas cosas a realizar”.

 

Para comenzar con lo nuevo de la misión hacia Santa Rita, es que los jóvenes por primera vez no iban como grupo único, ya que en esta ocasión se invita a los jóvenes miembros de las Conferencias de San Vicente de Paúl (SSVP), los cuales no conocían la existencia de JMV y viceversa; pero por idea de Sor Marillis (asesora de JMV Santa Ana), que en su deseo de unificar a la familia vicentina, toma la iniciativa y realiza la invitación; además se convoca a un joven de la Renovación Carismática Católica (RCC), el cual es un colaborador asiduo de JMV y su nombre es Mario José Lucero Culi; por lo tanto, se formó un equipo muy rico en variedad de pensamientos, pero todos bajos la luz y guía de Espíritu Santo.

 

El envió

El sábado 12 de abril, día en que los ahora misioneros partirían hacia su destino, se llevó a cabo un solemne acto, presidido por el diácono ¿?, por medio del cual se realiza en envío sagrado, de los jóvenes y la hermana hacia el arduo trabajo que les esperaba en Santa Rita. Como comentario de los misioneros, dicha ceremonia fue tan especial para cada uno de ellos por los símbolos que ésta contenía y sus respectivo significados, aunque los misioneros en sus últimos viajes habían tenido la oportunidad de ser "enviados a misionar", en envío de este año fue mejor aprovechado por los mismos, pero el momento más notorio entre los misioneros fue el recibir la cruz misionera, como signo que nuestro Señor Jesucristo estaría siempre con ellos para apoyarlos e iluminarlos en todo el trabajo que llevarían a cabo.

 

El arribo

El día en que arribaron a Santa Rita, los miembros de la comunidad les dieron una calurosa bienvenida, mostrando cariño hacia los misioneros. Los jóvenes siente que no se dirigen a un lugar extraño con gente desconocida, sino una gran familia la cual dejaron el año anterior y llegan a reunirse con todos ellos para trabajar de manera conjunta, logrando, así, un aprendizaje mutuo. El domingo por la mañana los misioneros acompañan al pueblo en el acto de la entrada triunfal de Jesús, terminando con la celebración de la palabra. Luego en conjunto los misioneros y los catequistas se reúnen para planear las actividades a realizarse durante toda la semana; en esta reunión se dividen a los jóvenes para que se encarguen de un sector específico (en total 3), logrando una mejora sustancial trabajo de los primeros tres días de la semana, quedando la hermana para visitar en diferentes días los distintos sectores y lograr acompañar a los tres grupos integrados por los jóvenes misioneros. Por la tarde, el equipo misionero, planifica la manera de abordar los diferentes temas a trabajar con las comunidades, los cuales se darían a niños, jóvenes y adultos.

 

El trabajo da comienzo

Ya preparado el trabajo, los misioneros descansan la noche del domingo, guardando las energías para lo que será una semana de arduo trabajo. Así, después de cargar baterías, los jóvenes se disponen a comenzar su tarea, que es apoyar y aumentar la fe de los miembros de la comunidad; empezando el día lunes 14 de abril con la despedida de los grupos de trabajo, los cuales partirían hacia sus respectivos sectores para quedarse en ellos por tres días, que es el tiempo establecido para la primera parte de la misión, la cual consiste en visitar, por las mañanas, a las familias, para conocer a fondo sus problemas, necesidades o simplemente platicar con ellos, además de hacerles la invitación a todas las actividades que se llevaran a cabo durante la semana. Cada uno de los equipos de trabajo experimento diversas emociones, obtuvieron valiosas experiencias y aprendieron diversos elementos, como fruto de esos tres días de visitas; ya que sus ojos y corazones se abrieron, de una manera tal, que las ciudades por las facilidades que tiene, no se los permite. Conocieron la pobreza que algunas familias viven en contraste con la felicidad que derrochan a pesar de su situación y la fe que poseen en Dios todopoderoso. Aspectos como estos dieron pie a profundas reflexiones personales en cada uno de los misioneros, logrando que valoraran más las bendiciones que Dios les ha otorgado y que ellos han despreciado.

Durante esos mismos tres días, por las tardes se llevaban a cabo reuniones con los niños, con quienes, en primer lugar, se jugaba y se compartía, no sin dar paso a pequeñas catequesis, con el objeto de iniciarlos en la fe. Luego se efectuaban charlas con los jóvenes, con quienes se comparten temas propios del año Santo Misionero, para lograr que ellos comprendan que el trabajo misionero no es ir a lugares lejanos, sino significa trabajar, también, con sus familias y vecinos. Por las noches se compartían con los adultos de la localidad, creando charlas amenas, dándose cuenta los misioneros de los conocimientos tan ricos que lugareños poseen, proporcionando como resultado un aprendizaje mutuo.

Los misioneros comentan que han trabajo de manera excelente es sus respectivos equipos, todos colaboraron al máximo, empleando todas sus capacidades, sin presentarse problemas por protagonismos excesivos o individualismos, a pesar que era la primera vez que, tanto como JMV y SSVP, trabajasen en conjunto. Lográndose fortalecer los lazos que los mantendrían unidos el resto de la semana.

 

El triduo pascual

A partir del jueves 17 de abril, los equipos que en días atrás se retiraron a cada uno de los sectores, de nuevo se reúnen, congregando a la mayoría de los jóvenes de todas las comunidades, con un objetivo común, llevar a cabo la convivencia general de jóvenes, tomando como base el atrio de la iglesia número 1. La cantidad de jóvenes congregados fue tan grande que, los misioneros encargados de las charlas deciden formar tres grupos de trabajo, mezclando a todos los jóvenes, sin importar al sector que perteneciesen, y para mantener el dinamismo de la reunión cada 15 minutos los grupos cambiaban de misionero, logrando con esto que cada uno de ellos tomase cierta parte de tema a discutir y evitar que solo uno diese todo el contenido de un solo golpe, lo cual hubiese aburrido a los jóvenes. Una vez que se termina la formación, realizan dinámicas y proceden a despedir a todos los jóvenes, no si antes solicitarles ayuda para la preparación del monumento que serviría de base para la colocación del santísimo para la adoración que llevarían a cabo la noche de ese mismo jueves. Por la tarde se darían cambios en los misioneros, ya que tres de ellos, que por motivos de ocupaciones personales, dejarían Santa Rita, pero ese mismo día arribarían tres misioneros más, así que se produciría un relevo de fuerzas, mientras llegaba la hora del intercambio, trabajaban en lo que se convertiría en el monumento para el santísimo, así que mientras las damas misioneras preparaban mensajes, los caballeros apilaban piedras cuales que servirían como altar. Para que a eso de las seis de la tarde comenzase la celebración de la palabra, que sirvió para recrear la última cena de Jesucristo.

Para esta celebración la comunidad de Santa Rita invita a otras comunidades de la cercanía, por ende lograron una gran afluencia de personas y para que todas ellas pudieran adorar al santísimo, crearon grupos de adoración por comunidades, quedando los misioneros en el último bloque.

Los misioneros comenta: la actividad fue maravillosa y todo un éxito, tanto por la mañana como por la noche, en especial fue admirable la enorme afluencia de personas en ambos eventos.

 

El viernes, realizan el Santo Vía Crucis, en una representación en directo, tanto jóvenes, misioneros y adultos se unen en la obra, recreando de manera estupenda el camino que Jesucristo siguió antes de llegar al monte de la calavera donde sería crucificado, siendo el mismo cúlmen en el cual término está representación; al igual que en eventos anteriores la afluencia fue enorme. Por la tarde llevan a cabo la celebración de las siete palabras, para las personas que no viajan hacia la ciudad de Metapán para dirigirse al Santo Entierro, de dicha ciudad.

Los misioneros comentan que la idea de unir a los adultos y a los jóvenes en la representación del Vía Crucis ha sido magnifica, por que se logra que varias generaciones trabajen en conjunto.

 

El sábado ya es notorio el cansancio de los misioneros, pero ellos continúan entregándose al máximo. La actividad realizada en la mañana la dirigieron hacia los niños, organizando una fiesta muy divertida para todos ellos, la cual fue animada por cuatro alegres payasos que logrando entretener sanamente a los niños con piñatas, juegos, bailes entre otras actividades; mientras que la hermana dirigía una reunión de carácter general con las legiones de María...

Por la tarde llevan a cabo los preparativos para lo que sería el cúlmen de la semana santa, que en palabras de Sor Marillis "es la celebración de las celebraciones", la vigilia pascual, la cual estuvo en su totalidad a cargo de los misioneros. Ésta da comienzo en la cancha de fútbol con una fogata que serviría para encender el cirio pascual, luego toda la comunidad en procesión se dirigió hacia la iglesia número 2 donde después de la celebración da comienzo una amena vigilia pascual, en la cual realizaron dinámicas y cánticos hasta altas horas de la noche.

Los misioneros comentan que las actividades del día sábado fueron el cúlmen de una semana de arduo trabajo y se muestran optimistas al crecimiento espiritual que en el futuro tendrán los pobladores de la comunidad.

 

La despedida

 El domingo los misioneros comienzan a preparar su equipaje, han concluido su labor formativa en la comunidad, pero antes de retirarse, acompañan a los fieles en una última actividad que es la de recibir al Cristo Negro de Esquipulas y a la virgen de Guadalupe, dichas imágenes viajan por diversos países y en esta ocasión se quedarían en la comunidad de Santa Rita, misma actividad fue usada por los misioneros como la oportunidad perfecta para agradecer todos el apoyo y atenciones que recibieron de cada uno de los habitantes de la comunidad.

Al medio día regresaban hacia sus hogares cansados, pero a la vez muy contentos con el trabajo realizado y por las bendiciones recibidas.

Los misioneros comentan que todos han aprendido enormes lecciones de vida y que desean en un futuro poder trabajar juntos de nuevo en una próxima misión.